#6.2. - Desafío al Perfeccionismo
Durante nuestra educación recibimos constantemente exigencias relacionadas con la calidad de nuestros hábitos: "Siempre estudia para sacar un 10...", "Tienes que ser el mejor...", juicios de valor acerca de nuestras acciones: "Eso es bueno/malo..." "Deberías ser mejor hijo y...", etc.
Estas bienintencionadas instrucciones pasan a convertirse en auto-exigencias durante la adolescencia, pudiendo alcanzar una actitud de búsqueda de la perfección en todo lo que hacemos, mejorándonos indefinidamente sin llegar a decidirnos nunca por un trabajo bien acabado.
La vida en Ember demanda cada vez más prisa, más eficacia y mejores resultados. El tiempo reducido y la exigencia de una perfección son incompatibles, y nos llevan al sufrimiento por no estar conformes con el resultado de nuestra acción y rechazar la imperfección que relacionamos con una incapacidad nuestra. Esto es un error, tanto en los aciertos como en los fallos, nos valoramos desde la idea de fracaso personal.
En nuestro trabajo podemos alcanzar la virtud por repasar muchas veces los detalles pero emplearemos mucho tiempo en esas revisiones, haciéndonos lentos o realizando un trabajo muy costoso en horas.
La comunicación ideal (que no perfecta) es más visual y organizada en ideas breves y sencillas.
El miedo al fracaso en un asunto concreto está sobrevalorado y tiene que ver con otra causa anterior o aspecto propio que deseamos resolver en esa tarea.
El "alivio" que produce la supuesta perfección de nuestra acción es pasajero y refuerza nuestra preocupación con el detalle.
El verdadero refuerzo positivo a nuestra acción o hábitos diarios tiene que ver con la celebración del éxito, la satisfacción por el logro y compartirlo con los demás.
Vamos a ello !!
Te desafío a alterar el orden en Ember y buscar la imperfección para que te expongas a las emociones asociadas.
Hasta ahora has evitado la vivencia de dicho malestar dejándote llevar por esa autoexigencia de perfección.
El reto consiste en enfrentarse a:
- Hacer las tareas domésticas propias de un día al estilo y manera que digan los demás con los que convives. O, dejar hacer a tu compañero/a la tarea que más te guste realizar a ti, sin supervisarla, sólo felicitándole por su logro.
- Alterar el orden de tus hábitos por un día, por ejemplo, dejando la cama sin hacer hasta la noche.
- Llevar la misma ropa del día anterior.
- Borrar la agenda o desorganizar a drede las actividades que tenías previstas hoy.
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